Nono, Traslasierra.
La jornada que unió La Posta con la localidad de Nono fue, sin dudas, una de las más exigentes de esta edición número 30 de La Brocheriana. Caminantes y cabalgantes debieron enfrentar un día desafiante en el que la naturaleza puso a prueba tanto el cuerpo como el espíritu de los peregrinos.

El inicio de la travesía estuvo marcado por un clima hostil, con lluvia persistente y un intenso frío que acompañó el inicio del camino. Estas condiciones obligaron a retrasar la marcha durante algunas horas mientras se organizaba la salida y se evaluaban los tramos más comprometidos del recorrido.

La sensación para muchos fue clara: el camino planteaba un verdadero desafío, como si el propio José Gabriel del Rosario Brochero invitara a sus peregrinos a poner en juego no solo sus fuerzas físicas, sino también su fe.
El sol como señal de aliento
Con el paso de las horas, el cielo comenzó a abrirse y el sol apareció entre las nubes, mejorando notablemente las condiciones del recorrido. Para muchos peregrinos, ese momento fue vivido como un aliciente del Santo Cura Brochero para su pueblo peregrino, que continuó avanzando con renovada energía.
La caravana siguió su marcha por senderos serranos, cortadas y caminos rurales en medio del campo, muchos de ellos marcados por el barro acumulado y las piedras resbaladizas que exigieron avanzar con mayor precaución.
El equipo de guías y apoyo estuvo siempre al lado de cada peregrino, asistiendo a los que se desorientaban de la ruta o los que necesitaban el traslado hasta el siguiente punto para concluir esta etapa.
El terreno irregular obligó a reducir el ritmo tanto de los caminantes como de los cabalgantes, haciendo que el trayecto se extendiera más de lo previsto. Sin embargo, a pesar del cansancio y de las dificultades del terreno, el espíritu de los peregrinos nunca se detuvo.
El grito que empuja el camino
En distintos tramos del recorrido comenzó a escucharse con fuerza el grito que ya se ha vuelto símbolo de esta peregrinación:
“¡Brochero va!”
Cada vez que resonaba entre las sierras, el efecto era inmediato. El eco del grito erizaba la piel de quienes lo escuchaban y parecía recargar de energía a todos los que avanzaban por el camino.
Entre el barro, las piedras y el esfuerzo del día, ese grito se transformó en un impulso colectivo que permitió seguir adelante.

Una llegada cargada de emoción
Finalmente, entre las 20:15 y las 21:00 horas, los peregrinos comenzaron a ingresar a Nono, completando una de las etapas más exigentes del recorrido.
La caravana atravesó la plaza central del pueblo, donde en ese momento se preparaba el inicio del 7° Festival del Vecino. La coincidencia generó una escena cargada de emoción: cientos de vecinos se acercaron para recibir y alentar a los peregrinos con aplausos y palabras de apoyo.
En los rostros de quienes esperaban se podía ver claramente la emoción de presenciar el paso de los caminantes y cabalgantes, que llegaban cansados pero profundamente satisfechos de haber superado el desafío del día.
En el Camping Municipal de Nono, el Equipo de Cocina se apuraba a terminar la cena de la última noche, un exquisito asado con ensalda y puré de papas.

Así, entre aplausos, abrazos y miradas emocionadas, la jornada concluyó con la certeza de que, a pesar de las dificultades del camino, la fe y el espíritu de comunidad siguen siendo el verdadero motor de La Brocheriana.
Y una vez más, el grito volvió a escucharse en la noche de Traslasierra:
¡Brochero va!