La tarde del domingo 15 de marzo de 2026 quedará grabada para siempre en la memoria de cientos de peregrinos. Tras varios días de camino por las sierras cordobesas, caminantes y cabalgantes llegaron a Villa Cura Brochero, poniendo fin a la 30ª edición de la Peregrinación La Brocheriana, una de las manifestaciones de fe más significativas de la provincia de Córdoba.

La travesía comenzó días antes en la ciudad de Alta Gracia, desde donde partieron cientos de peregrinos decididos a seguir las huellas de José Gabriel del Rosario Brochero, el Santo Brochero. Durante varios días, el grupo recorrió caminos serranos, senderos rurales y antiguas postas históricas hasta llegar finalmente al corazón del Valle de Traslasierra.


Una peregrinación que crece cada año
Según distintas coberturas periodísticas, cerca de 1.200 personas participaron de esta edición entre caminantes y cabalgantes, confirmando el crecimiento constante de esta experiencia espiritual y cultural.
El recorrido culminó en Villa Cura Brochero, donde peregrinos y vecinos se reunieron para recibir a quienes habían completado el cruce serrano. El último tramo fue especialmente emotivo: aplausos, campanas y muestras de afecto acompañaron la llegada de los peregrinos a la plaza central y al santuario donde descansan los restos del santo argentino.

Autoridades confirman que a la hora de la llegada de La Brocheriana se dieron cita cinco mil personas que coparon los costados de las calles por donde caminantes y cabalgantes pasaban. Lo que demuestra el gran cariño de la gente por la madre de todas las cabalgatas brocherianas.

La emoción se hizo visible en cada abrazo y en cada mirada. Para muchos participantes, el esfuerzo físico del camino —largas jornadas a pie o a caballo, cambios de clima y tramos exigentes de montaña— se transforma en una experiencia espiritual profunda que une promesas, agradecimientos y pedidos.
Un camino que une fe, cultura y comunidad
La Brocheriana no es solo una peregrinación. Es también una experiencia colectiva que recupera la memoria de los caminos recorridos por el Cura Gaucho en el siglo XIX, cuando cruzaba las sierras para acompañar a su pueblo y acercarlo a los ejercicios espirituales.

Con el paso de los años, esta travesía se consolidó como una de las expresiones más importantes de turismo religioso y tradición cultural en Córdoba, convocando a personas de diferentes provincias que comparten la misma devoción.
En cada edición se suman nuevos peregrinos, pero también regresan muchos que repiten la experiencia año tras año. Familias completas, grupos de amigos y devotos solitarios encuentran en este camino un espacio de encuentro con la fe, con la naturaleza y con la historia del pueblo cordobés.
La emoción de la llegada
El momento más esperado se vivió en la tarde del domingo, cuando las columnas de peregrinos comenzaron a ingresar a Villa Cura Brochero. Luego de varios días de travesía, el cansancio se mezclaba con la alegría de haber cumplido la promesa.

Vecinos, turistas y familiares aguardaban su llegada entre aplausos, mientras las campanas anunciaban el final de la peregrinación. Allí, frente al santuario del santo cordobés, muchos peregrinos se detuvieron para rezar, agradecer y compartir el momento con quienes los habían acompañado durante el camino.


Para muchos participantes, ese instante resume el verdadero sentido de La Brocheriana: el esfuerzo compartido, la fe que sostiene cada paso y la certeza de que el legado del Cura Brochero continúa vivo en cada peregrino.
Un legado que sigue caminando
Treinta ediciones después, La Brocheriana se ha transformado en mucho más que una travesía anual. Es una tradición que fortalece la identidad de Traslasierra y mantiene viva la memoria del sacerdote que dedicó su vida a servir a los más humildes.


Cada año, el camino vuelve a llenarse de pasos, de cascos de caballo, de oraciones y del grito que resume el espíritu de la peregrinación:
“¡Brochero va!”
Y mientras ese grito vuelva a escucharse en las sierras, la historia del Cura Gaucho seguirá caminando junto a su pueblo.
